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25 de febrero de 2017
 
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Darío Durán, un hombre muy feliz y apasionado por los números PDF Imprimir Correo

“La Matemática no es el qué, ni el cómo, sino el por qué. Por eso es que hay muy poca gente que se dedica a eso. La matemática es para resolver problemas, si los profesores de matemática no saben resolver problemas entonces dedíquense a otra cosa”, decía. Para él, ser Matemático era algo más que un simple oficio, era un estilo de vida.


Texto: José E. Millán / Prensa VAC

Fotos: Alejandro González / Prensa VAC             

 

Quizás Pitágoras, con su famoso Teorema, Descartes con su conocimiento sobre geometría o cualquier otro científico cuyo legado matemático cambió la historia de la humanidad, no había tenido un fiel seguidor a sus principios como este venezolano, considerado baluarte de la matemática en la historia académica del país.

 

“La Matemática no es el qué, ni el cómo, sino el por qué. Por eso es que hay muy poca gente que se dedica a eso. La matemática es para resolver problemas, si los profesores de matemática no saben resolver problemas entonces dedíquense a otra cosa”, decía. 

 

 
Para él, ser Matemático era algo más que un simple oficio, era un estilo de vida, un compromiso adquirido de formar a nuevas generaciones y por sobre todas las cosas: educar.

 

Así era Darío Durán Cepeda, hombre oriundo de Maracaibo, ciudad que lo vio nacer aquel 24 de diciembre de 1939, en los alrededores de la Calle Páez de Veritas. Era hijo de Jesús Ángel Durán y de Adalchisa Arminda Cepeda Parra. Sus primeros estudios fueron en su residencia donde aprendió a leer y a escribir. 

 
 

Sus padres le ayudaron en los primeros balbuceos numéricos. Asistió al Colegio Jorge Washington, por los alrededores de su sector natal, de la capital zuliana. Luego, estudió en el Colegio Sucre, que estaba situado al frente del Hospital Central de Maracaibo “Dr. Urquinaona”

 

Cursó el segundo grado en el  Colegio Nuestra Señora de Chiquinquirá, conocido como el Colegio de los Hermanos Maristas en la Av. 8 Santa Rita y egresó de allí como Bachiller en Física y Matemáticas.

 

“En mi casa, junto a mis padres, crecimos cinco hermanos: David, Daizi, Diana, Dumas y yo. De este modo apareció por primera vez en mi vida un número. En el caso que me ocupa es el número cinco que indicaba el total de hermanos. Antes de la desaparición de la letra Ch del alfabeto, la letra D era su quinta letra, y esa letra era la primera letra de cada uno de nuestros nombres. Aparece de nuevo el número cinco. Además, cada uno de nuestros nombres tiene cinco letras. Aparece otra vez el número cinco. Nuestro apellido Durán empieza con la quinta letra del alfabeto y tiene cinco letras. Aparecen cincos adicionales. ¿No creen ustedes que eso era más que suficiente para que me dedicara a la matemática?”, dijo en una oportunidad el futuro matemático de profesión.

 

Trayectoria académica

Por instancias de su padre empezó a estudiar Ingeniería en la Universidad del Zulia, donde estuvo hasta el tercer año de Ingeniería Civil.

 

Pero, “un país se hace, cuando la gente se dé cuenta, que cada uno debe estudiar lo que le gusta estudiar. Tengo amigos, con los que estudié, hace 60 años que casi no me saludan, porque me dediqué a la Matemática, muchos de ellos son Médicos, Abogados, Científicos, genios y ricos todos. Yo soy un hombre feliz. No obliguen a estudiar al que no quiere estudiar esas cosas. Esto lo hago yo para enamorar gente. No todos tienen porque aprender la matemática, hay que aprender algunas cosas”, decía. 

 

Es así como en 1962 ingresó como estudiante de la Facultad de Humanidades y Educación (FHE) de LUZ, y a principios del año 1967 obtuvo el título de Licenciado en Educación Mención Ciencias Matemáticas.

 

Siendo estudiante, un amigo ingeniero lo llamó para que lo sustituyera como profesor de matemática y física en el Colegio San Francisco de Asís. Tuvo éxito y, por ello, estuvo posteriormente en el Colegio de las Ursulinas. Ganó luego un concurso de oposición para ser profesor de física en el Liceo Baralt de Maracaibo donde el jurado estaba conformado por los profesores Arnaldo Pinós y Servio Martínez. En 1966 dictó clases en el colegio San Vicente de Paúl y el 1. º de febrero de 1967 ingresa como profesor de matemática en la Facultad de Humanidades y Educación, bajo la égida del insigne educador Raúl Osorio Lazo.

 

Posteriormente, realiza una Maestría en Matemática Pura en el Programa de Estudios Avanzados en Matemática (PEAM) de la Facultad de Ingeniería de esta misma Universidad.

 

Adquiere la categoría de profesor titular de LUZ en 1981, hasta jubilarse en 1992. Durante su trayectoria académica dentro de la institución, ocupó importantes cargos administrativos entre los que destaca: Jefe del Departamento de Matemáticas (1972-1974), Director del Centro de Estudios Matemáticos (1974-1975), Miembro Electo del Consejo de la Escuela de Educación (1973), Secretario del Consejo de la FHE (1974-1976), Decano de la FHE (1984-1987) y Director de la División de Estudios para Graduados de la FHE de LUZ.

 

En el año 2012, la Universidad del Zulia le otorga su máxima distinción: el Doctorado Honoris Causa. Durante su discurso de conferimiento exclamó: “La Matemática es intuir, observar, experimentar, reflexionar, entender, discutir, justificar, abstraer, argumentar, razonar, pensar, demostrar, explicar y resolver problemas. También es descubrir y crear. La Matemática es apasionante, emocionante e intrigante como toda actividad humana. Estudiar Matemática es trasladarse al mundo de la belleza y de la verdad y éstas son, quizás, las mejores razones para estudiarla. La Matemática es un arte y está plena de enigmas o acertijos que deben resolverse. La Matemática para un profesor debería ser una eterna diversión y no una mera obligación. Esas son las poderosas razones por las que hago lo que hago. He sido un hombre enteramente feliz. Una anécdota quizás refleje este aserto. Era muy joven cuando le pregunté a mi padre por qué me había colocado el nombre de Darío, y en esa ocasión me dijo que fue en honor del rey persa quién había inventado la moneda. Años más tarde, siendo ya yo profesor universitario, le pregunté a papá si él había obtenido riquezas por haberme llamado Darío y la respuesta, con una sonrisa picaresca, fue la siguiente pregunta: ¿No es una riqueza el que tú hayas nacido? Supe entonces que mi padre y yo éramos dos hombres felices. He pensado que el tributo que hace la Universidad del Zulia esta noche no es solamente por lo que he hecho sino por lo que me falta por hacer”.

 

A lo largo de su carrera, siempre fue un hombre agradecido, por lo que vivía parafraseando la frase del célebre científico Isaac Newton: “he cabalgado a hombros de gigantes”, para agradecer todo el apoyo brindado en la consolidación de sus objetivos.

 

Su familia

Pero Darío Durán Cepeda, no solo fue un hombre abocado a las Matemáticas. También le apasionaba sus cuatro hijos: Darío Enrique, Dariela Judith, Elvia Ada y Daniella Josefina, quienes le dieron a conocer “el amor más profundo que pueda disfrutar y ofrecer el ser humano”.

 

Los nueve nietos que posee, le “mostraron la felicidad” en vida y su eterno gran amor, Judith Elena Aular Urdaneta de Durán, fue su compañera académica, sentimental, de glorias y satisfacciones por más de 44 años.

 

Hoy, ante su ausencia física, el legado que ha dejado Darío Durán Cepeda, es incalculable y perdurará en el tiempo. Las nuevas generaciones de estudiantes, entenderán las “matemáticas divertidas” como una forma de aprender una ciencia exacta que puede aplicarse en cualquier hecho cotidiano. Honor a quien honor merece. 

Acuerdo de Duelo por el fallecimiento del Dr. Darío Durán Cepeda 




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