En memoria de Flavia.
Se les ha llamado el alma, la esencia, el corazón o la levadura de la universidad. Todo ello es inobjetablemente cierto: los estudiantes son, a una vez, el motivo y la finalidad de la vida académica.
Sin los estudiantes, el saber y la ciencia no desbordan los confines del recinto universitario. El campus es lo que es porque en él se cosecha el bien más preciado de la educación superior: la transformación del conocimiento en conciencia activa, la multiplicación del dato científico en arsenal de buenas voluntades para el servicio a la sociedad.
Y el estudiante es justamente el portavoz de aquella sabidur ía y la semilla del cambio que siempre es necesario.
As í entendida la naturaleza del cuerpo estudiantil, los docentes y la dirigencia de la universidad nunca debemos olvidar el propósito de nuestras responsabilidades, que giran todas alrededor del cultivo profesional, el estímulo académico y la protección social de los miles de estudiantes que año tras año se forman en la institución.
Con ésta como la única razón invariable de nuestras actuaciones, en la Universidad del Zulia hemos superado las grandes limitaciones presupuestarias para brindarle a nuestros estudiantes mejores condiciones de participación y más beneficios, que sin embargo nunca son suficientes y por eso es que no dejamos de hacer nuevos esfuerzos.
No s ólo invertimos todos los recursos económicos y administrativos que sean necesarios, sino que permanentemente vigilamos que los comedores y las residencias estudiantiles ofrezcan un estado digno para sus usuarios. Las becas, como ayudas sociales imprescindibles, son una preocupación sistemática de la gestión universitaria. Asimismo, ahora hay más preparadores y están mejor remunerados, y sin llegar a ser todavía lo que esperamos, las bibliotecas no cesan de actualizarse.
Los estudiantes, que conocen muy bien sus derechos y siempre han estado prestos a exigir las providencias que les han de beneficiar, reconocen estas mejor ías constantemente. De hecho, la conflictividad que en el pasado marcaba el descontento del alumnado con su universidad, ha decaído significativamente porque es verificable el progreso de las condiciones generales en el campus.
Cada vez más atendidos con prontitud y eficacia, los estudiantes responden elevando su rendimiento y sobresaliendo en muchos ámbitos de la vida académica. Lo demuestra sin dudas el hecho de que los cuadros de honor de las facultades y núcleos de LUZ superan el millar de alumnos. El promedio de tiempo que requieren para egresar también se ha estabilizado muy bien, por lo que los actos de grado suelen ser más que multitudinarios: como el del venidero mes de diciembre, con más de 3.000 nuevos profesionales en todas las disciplinas.
Más y más estudiantes logran sus títulos con honores, ganan premios universitarios y participan con ventaja en eventos nacionales e internacionales. Si éste es el resultado del empeño estudiantil y de su renovado espíritu académico, es seguro que también se ha dado gracias a políticas académicas adecuadas.
En el albor de nuevos movimientos estudiantiles que copan las calles del país al tiempo que logran nuevos éxitos en las universidades, el homenaje a nuestros alumnos, al celebrar esta semana su día nacional, nos inspira una inmensa felicidad. Pero llega en un momento de tribulación y pesar. Estamos de duelo en memoria de la joven Flavia Araujo y nos preocupa el porvenir de las luchas estudiantiles, si éstas no destilan las viejas y peligrosas formas de liderazgo que aún logran colarse entre tanta buena nueva que nos brinda el estudiantado.
Nos aferramos, sin embargo, a la esperanza de que nuestros estudiantes no perderán el rumbo y harán a un lado a los falsos dirigentes, para seguir construyendo esa promesa bendita y hermosa en la que todos los universitarios auténticos creemos. |